Entrevista a Jessika Llantén Castaño, vocera del Círculo de Mujeres Cuidadoras del norte del Cauca.
En el suroccidente Colombiano encontramos una manera diferente de entender los cuidados: un grupo de mujeres que se junta en Santander de Quilichao para “cuidar a las que ya cuidan”, para crear y tejer un espacio seguro donde fortalecerse sanar de muchas experiencias difíciles que les ha tocado atravesar dentro de este territorio atravesado por la violencia.
Hoy entrevistamos a Jessika Llantén, vocera del Círculo de Mujeres Cuidadoras y compañera de la Corporación Ensayos. ¿Cómo estás Jessika? Cuéntanos, ¿cómo nace el Círculo de Mujeres Cuidadoras?
Muchas gracias por el espacio, todo bien. Te cuento que el Círculo de Mujeres Cuidadoras (CMC) nace del encuentro de mujeres de distintos colectivos del norte del Cauca que ya venían haciendo trabajo de cuidados en sus propias organizaciones y comunidades.
Este sueño colectivo surge en 2018 en el espacio “Mujeres hilando territorios”, impulsado por la Corporación Ensayos junto con Empoderarte, Mujeres Diversas y la Defensoría del Pueblo. Ahí, mujeres nasa, negras, campesinas y LGBTIQ+ se hicieron una pregunta que lo cambió todo: ¿cómo podemos hablar de participación política y de una vida sin violencias si no tenemos condiciones para la autonomía económica? De esa pregunta colectiva nació la necesidad de articular esfuerzos en la estrategia de Cuidado Relacional Feminista interétnica e intercultural para acompañarse y cuidarse.
En 2023 se formalizó la estrategia del Círculo de Mujeres Cuidadoras como un espacio interétnico e intercultural que reconoce las perspectivas y visiones de las mujeres y la población LGBTIQ+ sobre las violencias, los cuidados, la sanación comunitaria, el bienestar individual, las justicias, la reconciliación y la construcción de paz de nuestros territorios, a través de estas experiencias logramos identificar las necesidades que teníamos tanto en el ámbito de formación y acompañamiento en los componentes: psicocultural y jurídico comunitario, aterrizadas a las realidades de las mujeres y de nuestro contexto.
¿Qué significa esta frase que decís de: “antes solo cuidábamos, ahora nos cuidamos para cuidar”?
En la práctica, este giro implica dos rutas paralelas que el Círculo de Mujeres Cuidadoras (CMC) desarrollamos de manera simultánea: Una, el acompañamiento propio del Grupo Motor, donde partimos por hacernos la pregunta de ¿quién cuida a las que cuidan?, y otra de acompañamiento a mujeres que han experimentado violencias basadas en género.
El CMC acordó que periódicamente analizaremos el estado del Grupo Motor para definir si alguna de nosotras necesitamos también el acompañamiento, si es así, la compañera pasa de ser cuidadora a recibir las atenciones con el fin de encontrar espacios de meditación y sanación para el cuidado propio que le permita disminuir los dolores y las cargas de quien cuida. Además, hemos acordado que, como compromiso colectivo para no desbordarnos en los acompañamientos, cada integrante acompaña inicialmente solo uno o dos casos.
¿Quiénes son las compañeras del círculo?
El Grupo Motor es diverso e interétnico. Lo integramos mujeres con distintas trayectorias y pertenencias como mujeres nasa, afro, campesinas, firmantes de paz, jóvenes de zonas rurales y urbanas del norte de Cauca. Hay investigadoras, psicólogas comunitarias, lideresas, sabedoras, trabajadoras sociales y jurídicas comunitarias en formación. Todas atravesadas por el conflicto armado, por la experiencia de ser mujeres que han cuidado a otras sin que nadie las cuide a ellas y sin que haya una remuneración por ejercer el trabajo de cuidado. Nuestra fuerza viene de ese reconocimiento colectivo de los dolores compartidos y de la apuesta por sanar juntas.
Para conocer un poco mejor qué hay dentro del corazón de la iniciativa… El círculo maneja productos, servicios y saberes… ¿Cómo funciona?
El corazón del Círculo se sostiene en dos componentes centrales: el acompañamiento psicocultural y el acompañamiento jurídico comunitario, diseñados para mujeres y personas LGBTIQ+ del norte del Cauca que han vivido violencias basadas en género. Las violencias que más se expresan en la región son la física, psicológica, económica y sexual; también acompañamos casos complejos que articulan desplazamiento forzado y conflicto armado.
Habitamos un territorio donde las mujeres enfrentan violencias múltiples que lesionan su integridad física, emocional y psicológica. Por eso, la perspectiva de cuidado no puede desvincularse del enfoque de género: no se trata solo de una práctica doméstica, sino de una apuesta política que crítica y confronta el orden patriarcal y colonial, y que exige que las mujeres vivamos una vida libre de violencias.
¿Hay algún “producto estrella”?
Sí, el ciclo de acompañamiento, que dura entre 4 y 5 meses, combina varios saberes y prácticas. Incluye servicios de atención y acompañamiento a mujeres en situaciones de violencias como el Marma masaje, que es una tradición ayurvédica de sanación corporal, atenciones psicológicas individuales (virtuales o presenciales), constelaciones familiares en colectivo, y encuentros con la mayora — sabedora ancestral del territorio. Además, el Círculo trabaja en la producción y comercialización del kit de cuidado “TomaTé la vida” que incluye productos locales que fortalecen la intercooperación de las Economías Sociales y Solidarias. Tenemos un kit de cuidado donde ofrecemos tés medicinales, jabones artesanales, aceites esenciales, sales marinas con yerbas aromáticas y velas.
¿Cómo es el proceso de atención?
Si una mujer que llega al Círculo con crisis o atravesada por una situación de violencias basadas en género se sigue esta ruta:
- Acercamiento al caso: se evalúa si cumple los criterios (mujer o persona LGBTIQ+ del norte del Cauca, mayor de edad, que haya vivido violencias basadas en género, con disposición real para el proceso).
- Bienvenida colectiva: se realiza un espacio grupal de recepción donde todas las mujeres —las acompañadas y el Grupo Motor— hacen cartografía corporal: cada una se nombra, cuenta su historia, teje confianzas.
- Consentimiento informado: se firma de manera individual, garantizando confidencialidad y autonomía.
- Atenciones: Marma masaje, sesiones psicológicas, constelaciones familiares, taller de sanando mi niña interior y encuentros con mayoras ancestrales de comunidades indígenas y afro.
- Seguimiento satelital: una persona “satélite” del Grupo Motor del Círculo llama periódicamente a cada mujer acompañada para valorar cómo está recibiendo el proceso, con esa información diligencia una ficha de acompañamiento y seguimiento del caso. Si en la segunda semana no siente el acompañamiento adecuado, se activa el “sistema de ayuda” y se hace el relevo.
- Cierre: en un encuentro grupal participamos el Grupo Motor y las acompañadas que recibieron todo el proceso de acompañamiento y seguimiento para conocer sus experiencias y percepciones el ciclo, esto nos permite evaluar nuestros procesos y fortalecer nuestras capacidades.
¿Por qué es necesario ponerle precio al cuidado?
Porque el trabajo de cuidado ha sido históricamente asignado a las mujeres, desvalorizado y no remunerado, la sociedad patriarcal considera el cuidado como un trabajo gratuito, invisible y feminizado, y esa gratuidad ha sostenido el sistema a costa del empobrecimiento de las mujeres. Los documentos señalan con claridad que las mujeres asumen desproporcionadamente el trabajo de cuidado no remunerado, lo que agudiza la “feminización de la pobreza”. Dignificar los saberes y las prácticas de cuidados de las mujeres significa reconocer conocimientos, tiempo, cuerpo y territorio.
¿Qué significa “economía feminista” para el Círculo?
Significa poner la vida en el centro, no la ganancia. Implica cuestionar el “emprendimiento” como eje, y que pensar en fortalecer las economías colectivas y comunitarias. Para el Círculo, economía feminista es también reconocer, redistribuir y remunerar el trabajo de cuidado, por eso exigimos que el Estado implemente el Sistema Nacional de Cuidado en los territorios, y pensarnos que “el cuidado será comunitario, o no será”.
¿Cómo gestionan el dinero?
El Círculo de Mujeres Cuidadoras avanza hacia un modelo de economía feminista y economía social y solidaria con reconocimiento económico. Hoy existe un subsidio de fin de año para las integrantes del Grupo Motor, vinculado a compromisos concretos: participar en la formación, en las reuniones mensuales de seguimiento, y realizar los acompañamientos. También se trabaja en la construcción de un portafolio de servicios y en la producción de materiales (cajas de tés, recetario) como línea de autonomía económica. La decisión sobre cuánto vale cada servicio aún está en construcción colectiva, con la intención de que sea un proceso participativo y no impuesto.
¿Cómo es ser mujer y “cuidadora de paz” en el Cauca?
Es un trabajo que se hace con estrategias de protección muy concretas, verificamos previamente los lugares de encuentro para que sean seguros, hacemos análisis de contexto y análisis de riesgos, que no nos ponga en una situación de inseguridad y comprometa la integridad de las mujeres del Grupo Motor como a las acompañadas, por lo tanto, tenemos pendiente construir un mapeo de zonas seguras e inseguras del territorio porque las amenazas son latentes y persisten asesinatos sistemáticos de lideresas, desplazamientos forzados y hostigamientos. Ser cuidadora de paz aquí significa sanar a víctimas del conflicto mientras se cuida también la propia vida.
Si el Círculo fuera un ritual, ¿cuál sería?
Sería una cartografía corporal colectiva: todas juntas, dibujando en el mapa de su propio cuerpo señalando las heridas y las fuerzas. Nombrando sus historias en voz alta, ante las otras, sin vergüenza y tejiendo confianza. Luego, una siembra que germina, echa raíz y crea frutos, que deja algo vivo en el territorio con arraigo y esparcimiento.
¿Qué le dirían a otra mujer que quiere armar su propio círculo?
Que empiece por preguntarse: ¿qué significa sanar para mí, desde mi cuerpo, mi historia, mi cultura y mi territorio? Y que construya desde las experiencias específicas de las mujeres de su territorio. Que defina desde el principio los criterios éticos: confidencialidad, autonomía, no imponer el propio criterio, y respetar los límites. Que se dé tiempo para conocerse, sanar y ganar confianza para acompañar a otra, primero, cuidarse para cuidar.
Muchas gracias por tu tiempo Jessika, nos quedamos con esta última frase: “hay que cuidarse para cuidar”.
Esta entrevista ha sido realizada en el marco del proyecto “Economías transformadoras para la vida y la paz” implementado junto a nuestras compañeras de Almáciga y con el apoyo de la Diputación de Córdoba.



