Curar el cuerpo y  tejer el territorio con economías solidarias: la apuesta de Medicina Para el Alma

En Corinto, Cauca, una iniciativa económico-productiva nacida del saber de las plantas demuestra cómo las economías solidarias feministas y el cuidado comunitario transforman realidades frente al conflicto y los cultivos de uso ilícito.

Hay conversaciones que merecen una segunda oportunidad, incluso cuando la tecnología falla en el primer intento. Nos reunimos a compartir un café y un postre con Daniela, lideresa y gestora de Medicina Para el Alma, para retomar una charla que habíamos grabado meses atrás y cuyo audio el azar decidió borrar. Esta vez, con la certeza de que el punto rojo de la cámara estaba parpadeando, nos sentamos a profundizar en la esencia de un proyecto que nació en las entrañas del norte del Cauca y que hoy late con fuerza propia.

Daniela no nació en esta región, pero la caminó, la sintió y se enamoró de ella mientras realizaba su tesis universitaria sobre procesos de justicia. Allí comprendió que la verdadera sanación del territorio pasaba por dialogar con la medicina tradicional y con las mujeres que sostienen el hogar. Hoy, Medicina Para el Alma no es solo una marca de remedios naturales elaborados a base de plantas medicinales, hoja de coca y cannabis; es una propuesta de economía solidaria feminista que busca arrebatarle espacio a las economías ilegales, resignificar el trabajo de cuidado y tejer lazos de paz desde Corinto para el mundo.

Daniela, tú no eres originaria de este territorio, aunque te has conectado profundamente con él. ¿Cómo llegas al norte del Cauca y cómo se hila esa llegada con el nacimiento de Medicina Para el Alma?

Yo llego buscando precisamente esa medicina que mi alma necesitaba. Mi primer hijo estaba muy pequeño y vine a hacer un trabajo de la universidad, una tesis sobre los procesos de justicia. Al empezar a caminar el territorio y ver todo lo que había detrás, me encontré con los médicos tradicionales. Entendí que había todo un universo medicinal que nadie conocía, que muchos pensaban que era brujería o algo imposible. Empecé a verlo, a sentirlo y a interiorizarlo, también desde mi pareja, que es médico tradicional. Así llegué, me quedé y me enamoré del territorio.

Para quien no conoce la dinámica del territorio habitado por el pueblo nasa, ¿qué significa exactamente ser un médico tradicional?

En el pueblo nasa, el médico tradicional es aquel que conoce sobre las plantas e interpreta el mundo de los espíritus con el mundo terrenal. Es como un puente de comunicación entre las orientaciones o consejos de los espíritus y las personas; los interpreta y los hace humanos. Además, tiene muchísimos conocimientos sobre plantas medicinales, algunas de las cuales ni siquiera son conocidas por la ciencia occidental.

Mencionabas que Medicina Para el Alma empieza a tomar fuerza con el primer remedio que crearon. ¿Cómo fue ese proceso y qué papel jugó la pandemia en el crecimiento de la iniciativa?

Llevábamos como año y medio en un proceso bonito de investigación comunitaria, recuperando saberes con las mujeres y sus huertas, buscando ofrecer una economía legal para el sustento de las madres cabeza de familia y cuidadoras a través de la hoja de coca, el cannabis y plantas medicinales. En ese contexto creamos el Wepe Yu’ce, un remedio de páramo que contiene 48 plantas y cura afecciones respiratorias. La pandemia nos dio ese empujón de crecimiento. Uno a veces tiene miedo de si lo que está haciendo va a calar o no, pero la COVID-19 nos hizo creer, darle con fuerza y sacar el Wepe Yu’ce y los demás medicamentos al mercado.

¿Qué otros medicamentos han desarrollado y cómo eligen las afecciones a las que quieren dar respuesta?

Nos enfocamos en las necesidades más latentes que veíamos en la gente: la ansiedad, la gastritis, las afecciones respiratorias y la diabetes, esta última por un tema familiar muy cercano, ya que mi hermana es diabética desde los nueve años. Por eso nos llamamos Medicina Para el Alma, porque no se trata solo de recetar acetaminofén para cualquier dolor de la misma manera. Nos enfocamos en los objetivos de salud específicos de cada persona. Aunque traemos algunas plantas de frío como la manzanilla, el romero o la ruda de otros lugares del Cauca porque las economías ilegales no han permitido ampliar la extensión de esos cultivos aquí, la mayoría son plantas locales.

Daniela Madrigal de Medicina Para el Alma

¿Cómo es consolidar una iniciativa económico-productiva en un territorio afectado por el conflicto armado y las economías ilegales?

La idiosincrasia del norte del Cauca cambió hace más de 40 años y la única perspectiva económica que muchos han conocido son los cultivos de uso ilícito. Es una dinámica de dinero fácil: compran en la puerta de la casa y la gente no se mueve. Crear una iniciativa económica donde nos toca movernos y vender el 80% de la producción fuera del territorio es complejo. Cambiar esa mentalidad genera resistencias; nos ha tocado vernos amenazados en panfletos, pero la constancia es lo importante. Nosotros compramos la hoja de coca a las mujeres —muchas de ellas madres de 60 o 70 años— a un precio más caro del que paga el narcotráfico, para que vean que la economía legal es posible. La idea es transmitir que la coca y el cannabis no hay que vendérselos al que quiere drogar al mundo, sino al que lo quiere sanar a través de la medicina, la comida y la industria.

Medicina Para el Alma trabaja desde la perspectiva de las economías solidarias feministas. ¿Cómo se vive esta propuesta con las mujeres del municipio?

R: Ha sido un proceso de enfrentar el machismo. Muchas mujeres nunca habían salido de su casa hasta que llegamos a proponerles un espacio de cuidado, de hablar y cocinar juntas. Para mí, ellas son las que sustentan económicamente, físicamente y emocionalmente al Cauca, pero en el territorio se piensa que si la mujer se queda en casa cuidando, no hace nada o es vaga. Nos hemos aliado con psicólogos y antropólogos para dar tranquilidad a estas mujeres y resignificar su labor. Tienen una resiliencia y una fuerza espiritual enorme; son capaces de recibir con amor y una paciencia increíble a pesar de las violencias.

¿Cómo entiendes tú la economía solidaria en comparación con el modelo tradicional capitalista?

R: Viniendo de una economía capitalista donde todo es producir, vender y generar efectivo —o si no eres improductivo y cierras—, la economía solidaria es compleja pero transformadora. Nos enseña a poner el foco en diferentes acciones: el encuentro, la comunidad, el cuidado entre todos, los trueques, las mingas y el trabajo colectivo. Es otra forma de decir que somos exitosos; el objetivo de la economía debe ser tener una mejor calidad de vida, y eso no siempre se gana con el papel moneda. Es coger lo bueno de la teoría económica —como la oferta y la demanda— y reinterpretarla desde nuestros propios sentires, dándole un valor justo al trabajo de las comunidades afro, campesinas e indígenas y al saber ancestral que jamás tendrá una multinacional.

Para terminar, ¿de qué manera estas iniciativas aportan a la construcción de paz en Corinto?

R: En un contexto histórico de conflicto armado y también de tensiones entre comunidades negras, campesinas e indígenas, la construcción de paz empieza por escucharnos. Eso es lo primero que hacemos con las 32 mujeres y las 132 familias que están alrededor del proceso: escucharnos y entender desde la diferencia. También construimos paz dándole a la mujer el lugar que se merece y resignificando su papel. Gracias a esto, Medicina Para el Alma ganó el reconocimiento de Colombia Destinos de Paz del Viceministerio de Turismo, porque articulamos senderismo, marcas locales de café de muchachos del municipio y avistamiento de aves para mostrar la otra cara del territorio.

Al apagar la cámara y apurar el último sorbo de café, queda en el aire una sensación profunda de esperanza y dignidad. La historia de Daniela y de Medicina Para el Alma nos recuerda que la salud no se limita a un frasco o a una fórmula, sino que nace del cuidado mutuo, de la escucha atenta y del respeto por la tierra que habitamos. En un territorio que durante décadas ha sido contado a través de la violencia, esta iniciativa económico-productiva demuestra que desde Corinto también se teje país, se transforma la vida de decenas de mujeres y se demuestra, día a día, que la verdadera sanación empieza cuando decidimos construir paz juntos y juntas.

Esta entrevista ha sido realizada en el marco del proyecto “Economías transformadoras para la vida y la paz” implementado junto a nuestras compañeras de Almáciga y con el apoyo de la Diputación de Córdoba. Pueden encontrar la entrevista completa en audio y vídeo el programa de La Puntilla (canal de Youtube de la Corporación Ensayos).

Marta Trejo
Marta Trejo

Periodista especializada en política internacional y construcción de paz

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